Así viven los hablantes de lenguas indígenas en la CDMX y sus alrededores

Sus hablantes enfrentan discriminación, entre otros retos


Por Ernesto Olicón

En el territorio mexicano se hablan 68 lenguas indígenas consideradas como nacionales. De ellas, hay en el país 364 variantes lingüisticas. Por ende, es natural que en la capital del país se puedan encontrar a hablantes de estos idiomas originarios. Aunque de acuerdo con las estadísticas la población que habla una de estas variantes es reducida, ha hecho falta trabajar en su visibilización.

De acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015 del INEGI, el 1.5 por ciento de la población de la Ciudad de México habla alguna lengua indígena. Esto nos da una población de más de 129 mil personas. En el Estado de México, mientras tanto, hablan algún idioma originario el 2.7 por ciento de la población. Es decir, una población superior a los 400 mil hablantes.

El gobierno de la Ciudad de México reconoce que en la capital se hablan 55 de las 68 lenguas indígenas nacionales. El nahuatl concentra alrededor del 30 por ciento de los hablantes. Le siguen el mixteco con 12.3 por ciento, el otomí con el 10.6 por ciento, el mazateco con el 8.6 por ciento, el zapoteco con el 8.2 por ciento y el mazahua con el 6.4 por ciento. También es cierto que de las alrededor de 785 mil personas que se consideran indígenas en la capital, aunque no hablen la lengua.

En el Estado de México, mientras tanto, se reportan como lenguas originarias la mazahua, otomí, nahuatl, matlatzinca, y tlahuica. También reporta idiomas autóctonos migrantes como el mixteco, mazateco, zapoteco, totonaco, y mixe.

Pese a que las administraciones de Miguel Ángel Mancera y Eruviel Ávila se han tomado acciones para preservar las lenguas indígenas, como talleres o publicación de libros, están muy lejos de ser visibilizadas por la sociedad civil. Especialistas en estos temas nos platican por qué.

Romper con las narrativas oficiales

Para Fabián Bonilla, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y quien se reconoce como parte del grupo étnico Ñuu Savi, hay dos habitantes de la ciudad que tienen esa marca diferencial. Una sería la persona originaria, que radica en ciertas delegaciones como Milpa Alta y habla principalmente el náhuatl o el mazahua. La otra es una persona en condiciones de migración, regularmente en situaciones muy complicadas que implican trabajar principalmente en la informalidad, el servicio doméstico o el sector de la construcción.

“El gobierno de la Ciudad de México tiene un área institucional en la que supuestamente le está dando cabida a esta población en cuanto a programas. Sin embargo son políticas sin mucho éxito y sin tener una planeación u orientación hacia una meta en concreto”, indica el catedrático.

Bonilla señala que, durante el gobierno de Marcelo Ebrard, se intentó introducir el náhuatl a nivel básico. Esto aprovechando que el Valle de México es una zona donde históricamente se habla dicha lengua. Sin embargo, el programa terminó por desaparecer. Otros esfuerzos, como la Feria de las Culturas indígenas parecieran referentes para el reconocimiento de esta diversidad cultural, pero se quedan cortos ante las exigencias de la ciudad.

Para el académico se necesita un mayor trabajo en la educación cívica para hacerle frente al racismo y discriminación contra los hablantes y pueblos originarios. Incluso hay estudiantes que han sido acosados por hablar su lengua. Sin embargo, la ciudad además carece de espacios para poder darle vida a estos idiomas.

“Cualquier lengua en el mundo necesita tener un contexto que le permita su uso y revitalización. La Ciudad de México está carente de esos elementos. Resaltan algunas prácticas de esa diversidad cultural como la venta de artesanías o de textiles. Pero en cuestiones de lenguas originarias no hay proyectos, no hay políticas públicas, no hay espacios”, indica Bonilla.

Para el académico las lenguas originarias se reducen a espacios muy privados. Con el fin de lograr la visibilización es necesario desmontar la narrativa del estado mexicano, que rinde culto desde el siglo XIX a la cultura indígena en piedra como en zonas arqueológicas o monumentos pero desprecia a los pueblos originarios vivos. De igual manera debemos reconocernos y vernos a la cara, pero sobre todo resaltar nuestro origen luego de procesos históricos donde estas lenguas quedaron marginadas.

Ponerse en el zapato del otro

Aucencio Valencia es un especialista en temas de indigenismo. Consultor de la asociación civil Ndáji Nu Da, ha trabajado en dependencias como en Instituto Nacional Indigenista y la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Él nos cuenta acerca de cómo se visibilizan estas lenguas en el Valle de México, principalmente en el Estado de México.

De acuerdo con Valencia, si bien en el Estado de México se hablan lenguas originarias en la zona norte, la zona cercana a la Ciudad de México también tiene un amplio grupo de población hablante de idiomas originarios.

“En la región oriente, principalmente en municipios como Chalco, Valle de Chalco, Texcoco, Amecameca, la mayoría de lenguas que se hablan todavía pertenecen a la población migrante”, apunta Valencia. “Provienen principalmente de los estados de Guerrero, Chiapas, Oaxaca o Puebla. En esta región, como lengua originaria, se identifica el náhuatl principalmente en los muncipios de Texcoco y Amecameca”.

La preservación que se da es a través de instituciones que trabajan en estos municipios. Es principalmente a través del Consejo Estatal para el Desarrollo Integral de los Pueblos Indígenas del Estado de México (CEDIPIEM) y la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Lo realizan a través de talleres con la población hablante con el objetivo de recuperar y fortalecer las lenguas.

Sin embargo, los hablantes de idiomas originarios tienen como reto para hablar sus lenguas la discriminación existente en la sociedad.

“La discriminación es uno de los factores que impiden que la población la hable. Todavía las personas que la hablan en la zona urbana y que generalmente son migrantes muchas veces la hablan solamente entre ellos y de manera escondida. Son objeto de burla y de la discriminación”, indica el especialista, quien además señala que no hay suficientes recursos para impulsar proyectos para recuperar las lenguas indígenas y los apoyos dados son insuficientes.

Para Valencia una de las principales acciones que se deben tomar es el fortalecimiento de la identidad étnica. Esto de manera que la población se reconozca como indígena y vea la importancia de preservar sus lenguas. Otras estrategias que se proponen es el promover el uso de las lenguas y que se promueva la interculturalidad en las escuelas. De otra manera, será muy difícil que puedan recuperarse.

“La interculturalidad no es sólo reconocer a los pueblos y a las lenguas, sino implica también respetarlas y ponerse en el zapato de ellos. Eso le hace falta a la sociedad civil”, indica el consultor.

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