A un mes del temblor, la Roma y la Condesa se niegan a morir

La zona trendy de la capital lucha por salir adelante


Hilda Orozco es ilustradora. Durante mucho tiempo tuvo su casa en la calle de Puebla, en la Condesa. Su hogar resultó seriamente dañado por el temblor, al punto que tuvo que salir. La calle tuvo tantas afectaciones y edificios derrumbados que, simplemente, las autoridades de Protección Civil se negaron a dictaminar la seguridad del edificio hasta no terminar con los asuntos prioritarios. Tomó unas cuantas cosas y salió del lugar, para quedarse con una amiga. Hoy, vive en otro sitio.

Sin embargo, pese a los reclamos de que la zona es muy hipster y de que es insegura, Hilda no quiere dejar de vivir la zona. En primera instancia, debido a que trabaja en Polanco y le resulta más seguro y cómodo para trasladarse. En segundo plano, por el cariño que le tiene al lugar. Sin embargo, ya nada será lo mismo.

“El súper al que iba a hacer mis compras se había derrumbado y cerró. Todo lo que conocía de esa zona cambió. Ya no es, entonces fue como cambiar el estilo de vida. La forma que tienes de moverte. La forma en que interactúas con los lugares, con las cosas, cambió”, plantea Hilda. “Muchas veces atacamos la rutina, pero cuando te pasa esto te das cuenta de que el hecho de tener tu espacio para poder hacer tus cosas, para poder ir a trabajar, son lo que le dan sentido a la vida”.

El corredor Roma-Condesa fue uno de los más afectados en el sismo de 1985. Pasaron de estar en el abandono a ser el centro de importantes y lucrativos tratos inmobiliarios en la última década, por lo que se convirtió en una zona trendy de la capital mexicana. Sin embargo, en el sismo del pasado 19 de septiembre volvió a ser el centro de importantes y mediáticos derrumbes, así como importantes daños en las estructuras.

Un penetrante olor a muerte

El circuito de Ámsterdam es uno de los pilares de este corredor. Es, de hecho, la esencia de la colonia Hipódromo Condesa. Fue, en su momento, la pista del hipódromo mismo. En el número 25 de esta calle un edificio se vino abajo. Vecinos del lugar que pudieron salir han señalado que, a diferencia de otros puntos, no recibieron la ayuda adecuada. También han denunciado que no saben nada del dueño del lugar, Juan Pablo Salazar, desde el día del sismo. En el sitio quedaron atrapadas seis personas.

El lugar está acordonado y se nota una ligera remoción de escombros. Pero, lo más impactante, es el olor a muerte que se percibe frente al lugar. El cual parece ser parte del paisaje. En el corredor peatonal frente a los restos de la estructura, un hombre mayor lee el periódico. Una pareja pasea a sus perros. Un hombre toma aire para continuar con su rutina de ejercicio.

“Si no es ahorita, ¿cuándo? ¿Hasta que lo demuelan?”, contesta Alondra Suárez, quien pasea a un schnauzer y un pug, al preguntarle si el ambiente no le molesta.

Desde la calle de Chilpancingo y por todo los circuitos de las Avenidas México y Ámsterdam se pueden ver los restos de una zona golpeada con todo por el sismo. Edificios enteros que penden de un hilo, con las cuarteaduras amplias, las ventanas a punto de caer y los restos de lo que sus inquilinos han dejado atrás. Negocios que prometen a sus clientes salir adelante, pese a todo, en nuevos domicilios.

Y, frente a ellos, la cultura del café, el bar y el restaurante. En una cafetería oaxaqueña a muy pocas cuadras de Ámsterdam 25, la dueña de un negocio ofrece a los peatones que se acercan tlayudas y hasta cerveza. En las calles siguientes, los partidos de Champions League siguen en la pantalla de los negocios con la esperanza de atraer clientes deseosos de cantar los goles de Lionel Messi con una cerveza.

Todos ellos están prácticamente vacíos. Aún así, se niegan a morir.

El espectáculo de la muerte

Álvaro Obregón 286 fue uno de los puntos más mediáticos en los días posteriores a la tragedia. Era un edificio de oficinas, con más plantas de las que estaba diseñado para resistir. No tenía muros de carga y los accesos eran demasiado pequeños para permitir una correcta evacuación. En conjunto, todo lo anterior llevó al desplome del edificio y a que más de 40 personas murieran entre los escombros del lugar.

A partir de la calle de Valladolid, la zona está acordonada. Las máquinas ya realizan la remoción de escombros, aunque unos cuantos voluntarios siguen picando piedra y concreto con herramientas. La Iglesia de la Cienciología ofrece, de manera voluntaria, consuelo espiritual a quienes acudan al lugar. La mitad de la vialidad de Álvaro Obregón está ocupada por las labores. Un tela oscura bloquea la visibilidad a los automovilistas, pero se alcanza a ver detrás.

Los conductores reducen su velocidad para ver el paisaje. Los peatones cruzan la calle para pararse sobre una delgada línea de cemento, subir las manos y tomar una foto. Es el espectáculo de la muerte.

Todo esto no muy lejos de una galería de arte con un nombre muy acorde a la ironía que, dicen los que creen saber, caracteriza a los hipsters: Sismo.

El luto y la resistencia

La calle de Puebla, donde vivía Hilda, está acordonada. También lo está la calle aledaña de Ocotlán. En Puebla 282, esquina con Salamanca, un edificio se vino abajo. Pertenecía a los laboratorios Cencon. Allí quedaron atrapadas siete personas. Al menos dos de ellas murieron. Recargada en una de las pocas paredes que resistieron, una corona de flores honra a los fallecidos. La gente lo sabe: la muerte golpeó al lugar.

Los restaurantes siguen funcionando. Vacíos, pero funcionando. Justo en la esquina de Puebla con Valladolid, los empleados de un local recuerdan cómo se derrumbaron los edificios vecinos. Las ventanas rotas y los muros caídos. Los gritos de auxilio, la solidaridad, la paciencia. El esperar que se salve una vida y la tensión de encarar a la muerte.

La clientela no ha sido buena en estos días posteriores al sismo y menos entre semana, pero no dejan de esperar que se reactive la economía. Hay esperanza de que este trago amargo pase y vuelva todo al bullicio de siempre, cuenta un mesero de Los Rurales. Hoy no será. Ni con el Barcelona en Champions.

Obreros reparan un edificio que se dañó casi frente al lugar que se vino abajo. Hay que seguir adelante, al parecer. No muy lejos de ahí, ya rumbo a Chapultepec, una familia instaló una casa de campaña en su cochera. El edificio amenaza con desplomarse, no es seguro, pero no van a pasar el tiempo a la intemperie.

Y a unas calles, en una caseta telefónica, aún quedan los recordatorios de que la lucha debería de seguir. En medio de los escombros o con los edificios ya demolidos. A una semana o a un mes. Ante la muerte o ante la vida.

“Un soldado en cada hijo”, rezan tanto el himno nacional como un cartel perdido entre las calles. Es de valientes volver a la vida cotidiana, sin dejar atrás la solidaridad.

What's Your Reaction?

Buaah Buaah
2
Buaah
Awww Awww
0
Awww
Damn Damn
0
Damn
No me gusta No me gusta
0
No me gusta
Jajaja Jajaja
0
Jajaja
Like Like
1
Like
Amor Amor
0
Amor
Chido Chido
0
Chido
NMMR NMMR
0
NMMR

Comments 0

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

A un mes del temblor, la Roma y la Condesa se niegan a morir

Send this to a friend